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Qué pasa si Putin pierde en Ucrania

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El desbande de las tropas rusas en el noreste de Ucrania es la segunda señal de que Vladimir Putin no tiene la victoria asegurada.

La primera señal de que una derrota de las fuerzas invasoras es una posibilidad que no puede descartarse, fue el fracaso del avance sobre Kiev que marcó el inicio de la invasión.

Que exista la posibilidad de que Putin sea derrotado en Ucrania, plantea una pregunta que resulta inquietante para el jefe del Kremlin: ¿qué consecuencias tendría que el ejército ruso sea vencido por los ucranianos?

La respuesta que siguiere la historia apunta a cambios profundos en el escenario político, porque las derrotas siempre han allanado el camino a transformaciones en Rusia.

Desde los tiempos de los zares, cada vez que Rusia perdió una guerra hubo cambios importantes. En la Guerra de Crimea que estalló en 1853, el Imperio Ruso, con Grecia como aliado, enfrentó al Imperio Otomano apoyado por Francia, Gran Bretaña y el Reino de Cerdeña. La derrota rusa en aquel conflicto le abrió el camino al trono al zar Alejandro II y aportó el clima propicio para que se implementen las reformas más importantes desde Pedro el Grande.

En 1905, la derrota de la flota del zar en la guerra con Japón que había estallado el año anterior, generó la Primera Revolución Rusa, que hizo promulgar una constitución y posibilitó que se estableciera la Duma Estatal del Imperio.

Otra derrota que causó sismos políticos y transformaciones inmensas, fue la del ejército soviético en Afganistán. La victoria de las milicias tribales que enfrentaron al régimen pro-soviético que el líder comunista Babrak Karmal había instalado en Kabul, abrió paso a la Glasnost y la Perestroika, los programas de reformas impulsadas por Mijail Gorbachov que marcaron el comienzo del fin de la URSS.

Poco después, la derrota rusa en la primera guerra contra el independentismo checheno modificó de manera dramática el gobierno del presidente Boris Yeltsin, abriéndole a Putin el camino para acceder al cargo de primer ministro.

La victoria de los separatistas caucásicos que lideraba el general Dudayev sobre el ejército ruso, comenzó a debilitar la gestión del primer ministro Chernomirdin hasta hundir el gobierno en el cortocircuito permanente que convirtió en efímeros premieres a Kirienko, Primakov y Stepashin, hasta que Putin se adueñó del cargo para usarlo como pista de despegue hacia a presidencia.

La victoria fortalece los regímenes que la derrota debilita. Por eso la importante victoria estratégica que logró Ucrania en el noreste, podría debilitar el régimen autocrático que impera en Rusia.

Los rusos habían logrado controlar la totalidad del oblast de Jarkiv, pero no su capital y segunda ciudad más grande y poblada de Ucrania.

En las últimas semanas, dando señales de preparar una ofensiva en gran escala en el sur para expulsar a los rusos del área que rodea a Mykolaiv y Zaporiyia, los militares ucranianos lograron engañar al alto mando y lanzaron un vasto contraataque para recuperar el noreste del país, recobrando el control de un vasto territorio.

El logro militar ucraniano mostró flancos vulnerables en el ejército invasor, como su fragilidad logística y la escasa motivación de las tropas. Por cierto, la victoria ucraniana en Jarkiv no significa que el ejército ruso está derrotado. Esas fuerzas intentarán reagruparse y retomar la ofensiva.

Además, el Kremlin puede disponer de reclutamientos masivos para lanzar mareas humanas sobre Ucrania y usar armas de destrucción masiva como los misiles tácticos. No obstante, qué la última palabra aún no esté dicha no resta significación al triunfo en Jarkiv. Y esa significación está en haber mostrado que una victoria de Ucrania es posible.

Si eso ocurriera, un terremoto político modificaría el escenario del poder en Moscú.

Todo el poder que Putin construyó podría desmoronarse como un castillo de naipes si la invasión fracasa. Incluso si sólo logra retener Donestk y Luhansk, los enclaves rusófonos donde las fuerzas invasoras tienen respaldo en la población, el costo sideral de la guerra, las bajas en las filas propias y la devastación ocasionada a un vecino que no había atacado a Rusia, generarán un tembladeral político que hundiría a Vladimir Putin.

En un primer momento, los jerarcas que rodean al presidente intentarán que sólo él caiga. La elite ultranacionalista podría conservar el control si la presidencia queda en manos de alguno de los personajes más cercanos a Putin, como el jefe del FSB Alexander Bortnikov; el secretario del Consejo Nacional de Seguridad Nikolai Petrushev o el ex presidente y ex primer ministro Dmitri Medvedev. Pero el tembladeral que desataría una derrota podría incluso arrastrar a esa poderosa nomenklatura.

La crisis política que provocaría un fracaso, hasta le podría abrir las puertas del poder a la disidencia liberal que tiene exponentes como el encarcelado Alexei Navalni.