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La persona en el centro de todo: el diferencial del éxito (I)

Las organizaciones no solo se enfrentan a la vorágine de los mercados, la era digital, la innovación, sino también a un nuevo reto a la hora de gestionar a las personas.

Rocio Higuera

22/12/2018

Pierre Ramírez Gerente Central de Personas y Filosofía de Compartamos Financiera Nos inquieta cada vez más cómo podemos retener o atraer talento. La clave del éxito no está solo en el liderazgo de sus fundadores o ejecutivos, sino también en la alineación de una estrategia sostenida por una sólida cultura organizacional, enfocada en los colaboradores y clientes para convertirlos en personas más felices. Contar con empleados felices y comprometidos es una nueva exigencia necesaria e imprescindible para alcanzar objetivos de corto, mediano y largo plazo; es imperativo que al interior de la organización exista un clima de confianza y colaboración, pues la confianza genera compromiso y este, resultados sostenibles. Así, es posible que surjan políticas, acciones y herramientas para promover un ambiente en el que los colaboradores puedan desarrollarse plenamente, tanto en su vida personal como profesional. Este desarrollo integral que los nuevos talentos buscan en una organización no solo debe ser impulsado desde el área de Recursos Humanos, sino desde todas las áreas, mediante una gestión centrada en la persona y los clientes. Los objetivos de las empresas se centraban fundamentalmente en variables económicas, y si bien estas son indispensables, se ha demostrado que no pueden ser el medio y el fin que soporte la estrategia de la organización, pues las personas requieren satisfacer necesidades de un orden superior, desarrollarse y crecer en el trabajo. No debería ser complicado alinear un enfoque centrado en la persona con la filosofía y valores de la empresa. Lo complejo será convertirlo en una realidad diaria, en un modo de vida, desde la interacción cotidiana de los colaboradores hasta el diseño de la estrategia y decisiones que se tomen en la alta dirección. En este ejercicio de gestionar una organización centrada en la persona debemos tener en claro que justamente es en el nivel de alta dirección desde donde, además de definir los objetivos estratégicos, también se define la cultura que permitirá alcanzarlos; muchas organizaciones no irán donde su plan estratégico les dice que vayan, muchas irán donde su cultura les dice que vayan.

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